20 de junio de 2008

No a Los Monarcas, Si a los Pecho Amarillos




Ya transité por la onda "bichos" y está bueno eso, será porque de alguna manera los envidiamos, oporque queremos aprender de ellos,... porque de nosotros mismos, mmmmm.
Los dejo con un relato "en onda" de mi amigo Osvaldo Conde.

Tener una sola marcha, en una ciencia humana como la política es mucho más una tragedia que una comedia (digo porque el andar de los pingüinos fue el que les acarreó antaño el feo mote de “pájaros bobos”), que, seguramente no es, lo que el ex intendente de Córdoba: Luis Juez, quiere decir, cuando repite que este hábito motriz del monarca es semejante al andar administrativo del Gobierno.
Es lo que fatalmente les pasa a los que fracasan al triunfar, aquellos de los que habló Freud cuando definió el “complejo de Edipo”. Refiriéndose a las personas que cuando logran todo y, aún más de lo que se habían propuesto, son víctimas de una ansiedad infinita que, al contrario de permitirles disfrutar del éxito, se sabotean a ellos mismos y se destruyen,
ejemplos argentinos abundan, el último: Charly García.
Pero no olvidamos a Maradona, Chacho Álvarez, De la Rúa, Menem… No se trata del éxito que se puede observar en números, fama o trascendencia. Se trata de las dificultades que manifiestan “in crescendo” en las personalidades afectadas.
Siempre pa´lante.
Los que fracasan al triunfar muchas veces nos confunden, por ejemplo cuando adelante tienen un paraíso, llámese las costas fueguinas o el superávit de la divisa internacional, es bello verlos ir hacía esos nobles parajes con marcha fija y contundente.
Pero sí el final del camino es un accidente, por ejemplo, un choque entre buques petroleros o la abusiva siembra de soja, el espectáculo se vuelve triste y trágico… Allá van impertérritos los pingüinos monarcas, sin advertir que su majestuosidad fatalmente se empetrolará o se ensojará, que les hará perder tanto la elegancia como la coherencia. Es que los pobres, no pueden ni tienen como maniobrar. Da la impresión que en ese trágico instante, de nada les sirve haber conocido paraísos polares, irónicamente se vuelven bipolares: no sur y norte; sino yo o el desastre.
Entonces pierden, porque su paso férreo y poco habitual en el reino animal, borra la belleza natural del pingüino. Y el del Gobierno, borra la belleza persuasiva de sus ideas. Se ve, en primer plano, sus ojos sin parpadeo que borran la mirada enamorada en la plaza de todos los argentinos.

No a los Pingüinos Monarcas. Queremos los Pechos Amarillos
Claro que existen, siempre existen las esperanzas, los cambios, las renovaciones. Consulte Ud. las manuales respectivos y se encontrará este precioso pingüino, que también se lo conoce como “Saltarrocas”, porque brinca de lo lindo cada vez que en las islas subacuáticas le aparecen sorpresivas rocas. No quieren atascarse en ninguna, pues su marcha –ahora sí- dúctil y totalmente opuesta a la del monarca. Es que el “pecho amarillo”, no es “pecho frío”, avanza hacia el apareamiento (al amor).
Sabe que para expresar el amor y, que los ajenos lo aprecien: la belleza, la ductilidad, la valentía y la perseverancia tienen que conformarlo, el amor no es solo un beso, sino aquello que lo produjo. “No retroceder”, en un ser vivo, es lo opuesto a la armonía; la armonía es que todo se mueva coordinada y complementariamente. Como es el caso de los penachos áureos, siempre capaces de actos valientes, pero de valentía sutil, sabia, contagiante; es decir el modelo del amor por el que todos –no solo los pingüinos- suspiramos.
Pingüino Modelo
La tradición atlética de este pequeño, da a su prole pies muy fuertes y uñas ídem, que le permite no resbalar en los acantilados por muy empinados que sean. Tan importante son sus extremidades inferiores, que es la única clase de pingüino que salta al mar, primero con los pies (aprovecha su fortaleza para preservase mas y mejor), pues los demás saltan de guata (panza en mapuche), si lo hicieran así los que referimos, las rocas afiladas le cortarían sus guatas.
Incluso, al llegar al agua de pie, de existir todavía una roca que amenace su integridad en el salto, su pico –naranjo-rojizo, le permitirá atenazarse a esa misma roca, y lo que era para su mal lo trasforma para su bien.
El colorido no solo lo tiene en el pico, encima de la cabeza lleva unas plumas negras tiesas, mientras que pequeños mechones de plumas amarillas, se pueden ver detrás de sus incisivos ojitos. Su fina estética, no mengua su valor; pues a pesar de su pequeñez (unos 50 cm.) a todos les hace frente. Entonces el colorido pico y las prolijas uñas se vuelven sus armas principales, bien lo saben los albatros que si hablaran, podrían contar como esos pequeños, tantas veces los sacaron de las plumas desde sus pingüineras.
Su desventaja es que como manjar, son de los preferidos por los tiburones, osos marinos, focas leopardo; en fin la zoología mas salvaje de la nieve les tiene siempre ganas. No solo por su carne, también por su estética que denuncia, sobre todo, vitalidad.
Sin embargo, las fortalezas son muchas más que las debilidades. Seis meses trabajan, para amarse libremente, otros seis. Eso si sus acoplamientos son con la misma congénere y en el mismo lugar cada año. Si encuentra su nido averiado o desaparecido lo reconstruye con rocas, palos, pasto y hojas. Para comunicarse usan en ocasiones enojosas gritos estridentes, pero en las
amables, lo hacen tan educadamente que es muy común sorprenderlos en medio de reverencias, o sacudiendo acompasadamente las aletas, o bien con movimientos de cabeza que nada tendrían que envidiarle a las modelos de Giordano.

Pingüinera Deseada
A la hora de atraer el macho a su pareja, el cabezazo es digno de adolescente en bailongo de los 60. Visible, ansioso y exagerado; el plus a favor del animal que tratamos, es que ese movimiento permite el sacudón – y en consecuencia el lucimiento- de sus plumas amarillas, algo que para la
hembra es irresistible. El macho, responde garantizándole su fidelidad para toda la vida. Como se ve, las colonias de los penachos amarillos son fieles, alegres, románticas, ruidosas y rítmicas Una vez conseguida la pareja, la hembra pone dos huevos, uno es más pequeño que el otro. Lo insólito es que ambos papis se turnan para incubar esos huevos, en los primeros días los dos juntos; luego el que no incuba sale a alimentarse, vuelve y sale el otro así por 33 jornadas. Cuando le toca a la hembra, puede suceder, que le cueste tiempo conseguir la alimentación
(varias semanas), sí eso sucede el macho produce lo que se llama “leche de pingüino”, se trata de la comida digerida en sus intestinos que vomita y da al pichón.

Viven entregados a los que aman, pues lejos de fracasar en el triunfo; pretenden siempre agregarle éxitos al éxito, logros a los logros, paz a la paz.

2 comentarios:

rodolfo dijo...

Si te interesa este tipo de notas de gente muyyyy inteligente, te recomiendo http://kriticos.com.ar

Anónimo dijo...

Por fín en la naturaleza alguien que sea monogamo. no se aburriran?